Carta Pastoral | Exp. N⁰ 002/2026

 ARQUIDIÓCESIS METROPOLITANA DE LEÓN
CARTA PASTORAL N.º 002/2026
CARD. ZURIEL ARIZMENDI
POR GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA
ARZOBISPO METROPOLITANO DE LEÓN

EXHORTACIÓN PASTORAL
"VIVIS ECCLESIAE TRADITIONE"
SOBRE LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA

A todos los presbíteros, diáconos, religiosas y fieles que lean estas nuestras letras:

En diversos momentos de la historia, el Espíritu Santo ha guiado a la Iglesia por caminos nuevos sin apartarla jamás de la verdad revelada. La Iglesia que nació del costado abierto de Cristo, que fue fortalecida por el Espíritu Santo el día de Pentecostés y que ha peregrinado a través de los siglos, permanece siempre en su misma esencia, aunque viva y exprese su fe en contextos históricos diversos.

Por ello, en calidad de hermano y amigo, deseo dirigir unas palabras a toda nuestra comunidad acerca de la unidad de la iglesia manifestada a través de la riqueza de su tradición y la necesaria comunión con el Sucesor de Pedro y con los Obispos que, en unión con él, ejercen el ministerio apostólico.

UNA TRADICIÓN VIVA Y ACTUAL

Con frecuencia, queridos hermanos, se corre el riesgo de identificar la Tradición de la Iglesia con determinadas formas históricas, estilos litúrgicos, expresiones culturales o épocas concretas. Sin embargo, la Tradición no consiste únicamente en la conservación material de costumbres del pasado, sino en la transmisión viva del Evangelio bajo la acción permanente del Espíritu Santo.

El Concilio Vaticano II enseña que la Tradición apostólica progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, creciendo en comprensión y profundidad a lo largo de los siglos. Lo que la Iglesia cree, celebra y vive se desarrolla orgánicamente, permaneciendo siempre fiel al depósito de la fe recibido a través del testimonio de los Apóstoles; (2 Tesalonicenses 2, 15).

Por ello, la auténtica fidelidad a la Tradición no consiste en detener la vida de la Iglesia en un momento particular de la historia, sino en permanecer unidos a la Iglesia viva que hoy continúa siendo guiada por el mismo Espíritu que la condujo en los primeros siglos.

Como se señala a menudo, la verdadera fidelidad implica "conservar el fuego y no adorar las cenizas", adaptando la acción pastoral sin alterar el depósito de la fe.

LA RIQUEZA EN LA DIVERSIDAD

La sagrada liturgia constituye la fuente y la cumbre de la vida cristiana. En ella la Iglesia glorifica a Dios y santifica a los fieles. A lo largo de la historia, la Iglesia ha conocido diversas manifestaciones litúrgicas, ritos, usos y expresiones que dejan en visto la riqueza inagotable del misterio de Cristo.

La diversidad legítima no es una amenaza para la unidad, sino una manifestación de la catolicidad de la Iglesia. Por ello, ningún rito aprobado por la autoridad eclesiástica debe ser despreciado o considerado inferior en dignidad. Del mismo modo, ninguna forma litúrgica puede convertirse en criterio exclusivo para medir la autenticidad de la fe o la fidelidad eclesial.

La sagrada liturgia, fuente y cumbre de la vida cristiana, manifiesta su riqueza a través de 6 grandes familias litúrgicas y 24 Iglesias sui iuris en el mundo. Esta diversidad, lejos de dividir, enriquece a la Iglesia, permitiendo a los fieles glorificar a Dios según sus propias tradiciones, lenguas y expresiones culturales.

Y es que la belleza de la liturgia no depende únicamente de la lengua empleada, de la orientación del altar, de determinados ornamentos o de formas ceremoniales particulares. Todos estos elementos poseen su valor y significado, pero encuentran su verdadero sentido únicamente cuando conducen al encuentro con Cristo y a la comunión con toda la Iglesia.

Reducir la vida litúrgica a aspectos externos corre el riesgo de oscurecer aquello que es esencial: la presencia viva del Señor, la acción santificadora del Espíritu Santo y la participación plena del Pueblo de Dios en el misterio de la salvación.

LA RECEPCIÓN DEL CONCILIO VATICANO II

El Concilio Vaticano II forma parte del Magisterio auténtico de la Iglesia. Convocado legítimamente y confirmado por los Romanos Pontífices, constituye una expresión válida de la misión de la Iglesia como Maestra de fe en el mundo contemporáneo.

No es conforme al espíritu católico oponer la Iglesia anterior al Concilio contra la Iglesia posterior al Concilio, como si existieran dos Iglesias distintas. Existe una sola Iglesia de Cristo, que permanece idéntica en la fe y que guiada por el Espíritu Santo, profundiza continuamente en la comprensión del misterio revelado.

Los Papas han recordado repetidamente que el Concilio debe interpretarse en continuidad con toda la Tradición de la Iglesia, evitando difundir y promover ideas que fomentan una ruptura y ven el Concilio como una discontinuidad, así como las interpretaciones que impiden ver el desarrollo eclesial y la acción del Espíritu Santo.

El Papa Benedicto XVI expuso esta visión, argumentando que la verdadera reforma exige mantener un equilibrio entre la novedad y la tradición. Asimismo, el Papa Francisco reforzó este enfoque, subrayando que las reformas conciliares no buscan romper con el pasado, sino expresar la vitalidad continua de la Tradición.

LOS CARISMAS DEL ESPÍRITU

El Espíritu Santo continúa suscitando dones, ministerios y carismas para la edificación del Cuerpo de Cristo. Algunos son antiguos; otros aparecen en tiempos más recientes, pero todos, cuando son auténticos, tienen su origen en el mismo Espíritu y están destinados al bien común.

Ningún carisma debe despreciar a otro; ninguna espiritualidad debe considerarse superior por naturaleza a las demás; ninguna expresión legítima de la vida cristiana debe ser excluida o minimizada.

La Iglesia es más amplia que nuestras preferencias personales. Es más rica que nuestras sensibilidades particulares y es más profunda que cualquier corriente espiritual o forma litúrgica concreta.

Cuando una determinada visión de la Iglesia conduce al desprecio de otras sensibilidades legítimas, a la sospecha constante hacia la autoridad eclesial o a la negación práctica de las enseñanzas del Magisterio, se corre el riesgo de debilitar la comunión eclesial que Cristo quiso para sus discípulos.

La catolicidad consiste precisamente en esta capacidad de acoger, discernir y armonizar la diversidad bajo la guía del Espíritu Santo.

EXHORTACIÓN

Invito a cada uno a custodiar la unidad de la Iglesia con humildad, caridad y obediencia. Que nadie considere sus preferencias litúrgicas o espirituales como criterio absoluto para juzgar la fe de los demás. Que nadie reduzca la riqueza de la Tradición a una época histórica determinada. Que nadie olvide que la Iglesia sigue siendo guiada hoy por el mismo Espíritu que inspiró a los Apóstoles, sostuvo a los Padres de la Iglesia, iluminó los Concilios y acompaña a los Pastores de nuestro tiempo.

Permanezcamos unidos al Santo Padre, a nuestros Obispos y al Magisterio de la Iglesia. Valoremos toda expresión legítima de la fe católica. Amemos la liturgia en toda su riqueza. Acojamos con gratitud la acción siempre nueva del Espíritu Santo. Y procuremos que nuestra comunidad sea signo de comunión, donde la verdad vaya siempre unida a la caridad y donde la diversidad legítima encuentre su plenitud en la unidad de Cristo.

La verdadera fidelidad a la Tradición siempre ha ido unida a la obediencia eclesial. Los santos reformadores, como San Francisco o Santo Domingo de la historia de la Iglesia nunca actuaron contra ella, sino desde dentro de ella y en profunda comunión con sus Pastores.

Que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos enseñe a mantener la unidad de corazón y a caminar siempre en fidelidad a su Hijo y a la Iglesia que Él fundó.

Reciban mi bendición pastoral y la paz que solo proviene de Cristo Jesús.

Dado en León, a los seis (06) días del mes de Julio del año del Señor dos mil veintiséis (2026); bajo nuestro sello y firma.

† Zuriel Card. Arizmendi
Emmo. Sr. Zuriel Card. Arizmendi
Arzobispo Metropolitano de León


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Referencias:
[1] Sagrada Escritura.
[2] Dei Verbum, n. 8.
[3] Lumen Gentium, nn. 18, 22–23.
[4] Sacrosanctum Concilium, nn. 26–41.
[5] Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 74–95; 813–822.
[6] Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana (22 de diciembre de 2005).
[7] Francisco, Traditionis Custodes (16 de julio de 2021).


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