LIBRETO
CELEBRACIÓN DE LA PALABRA
DISPOSICIONES LITURGICAS:
La celebración de la palabra es una acción litúrgica de la Iglesia en la cual Cristo mismo se hace presente en su Palabra proclamada. Cuando es presidida por un diácono, no constituye celebración eucarística, ni puede incluir elementos propios del sacrificio de la Misa.
El diácono, al presidir la celebración de la palabra, actúa en virtud de su ordenación, ejerciendo su ministerio propio de servicio a la palabra, a la liturgia y a la caridad.
Viste las vestiduras propias de su orden: alba, estola cruzada ceñida con el cíngulo y dalmática (si las circunstancias lo permiten).
Debe siempre presidir la celebración desde una sede preparada, nunca utilizando la sede del presbítero celebrante, evitando todo signo que pueda generar confusión con la presidencia presbiteral.
Procúrese siempre la dignidad del altar el cual debe llevar un mantel blanco y 2 cirios ubicados en las esquinas del altar.
ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN:
RITOS INICIALES
Habiéndose reunido la asamblea, el diácono ingresa directamente al altar y lo venera, mientras tanto se puede rezar la antífona de entrada o un canto apropiado.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
Después saluda a la asamblea con esta u otra formula.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
(El domingo, especialmente en el Tiempo Pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo.)
A continuación se hace el acto penitencial, al que el diácono invita a los fieles, diciendo:
Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
O bien, pero sólo en los domingos y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
El diácono concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
SEÑOR, TEN PIEDAD
Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kyrie, eléison), si no se han d icho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial:
℣. Señor, ten piedad. ℟. Señor, ten piedad.
℣. Cristo, ten piedad. ℟. Cristo, ten piedad.
℣. Señor, ten piedad. ℟. Señor, ten piedad.
GLORIA
Si es domingo o día festivo, todos proclaman o cantan el Gloria; si es adviento o cuaresma, se suprime.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el diácono dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después, con las manos extendidas, dice la oración colecta.
La colecta termina siempre con la conclusión larga.
LITURGIA DE LA PALABRA
Después, el lector se dirige al ambón y proclama la primera lectura, que todos escuchan sentados.
Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
Sigue el Aleluya, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono se dirige al ambón y dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El diácono, o el sacerdote:
Lectura del santo Evangelio según san N.N.
℟. Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono proclama el Evangelio.
Acabado el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
Después pronuncia la homilía que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda los otros días.
CREDO
Terminada la homilía, se canta o se dice el símbolo o profesión de fe, si es domingo o si las rubricas de la celebración lo prescriben.
Después se hace la oración universal u oración de los fieles, si la hay.
RITO DE COMUNIÓN
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Dense fraternalmente la paz.
Y según sea la costumbre, se intercambian un signo de paz, de comunión y caridad.
En este momento se traslada la reserva eucarística para la comunión de los fieles, NO SE CANTA EL CORDERO.
El diácono hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Si no hay canto, se dice la antífona de comunión.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
El diácono dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
Después, con las manos extendidas, dice la oración tal cual.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
℣. Y a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios todopoderoso, Padre ✠, Hijo ✠, y Espíritu ✠ Santo.
℟. Amén.
Luego, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Después el diácono venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.
Se entona un canto apropiado.
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