Libreto Litúrgico | Fiesta de Santísimo Redentor


SANTA MISA SOLEMNE
FIESTA DEL SANTÍSIMO REDENTOR
IX.VII.MMXXVI

Terminado el Canto o la Antífona de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟. Amén.

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, esté siempre con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, ·para acercarnos a la mesa del Señor.

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.  
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 

Sigue la absolución del sacerdote: 
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟. Amén.

SEÑOR, TEN PIEDAD
SEÑOR TEN PIEDAD
℟. SEÑOR TEN PIEDAD

CRISTO TEN PIEDAD 
℟. CRISTO TEN PIEDAD 

SEÑOR TEN PIEDAD
℟. SEÑOR TEN PIEDAD

GLORIA

GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE AMA EL SEÑOR.
POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS,
TE BENDECIMOS,
TE ADORAMOS,
TE GLORIFICAMOS,
TE DAMOS GRACIAS, 
SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODOPODEROSO.

SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO;
SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS,
HIJO DEL PADRE;

TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS;

TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE NUESTRA SÚPLICA;

TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS; 

PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO,
SÓLO TÚ SEÑOR,
SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO,
CON EL ESPÍRITU SANTO
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE.

AMÉN.

ORACIÓN COLECTA

Terminado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Oh Dios, que constituiste Redentor del mundo a tu Unigénito, y por él,
vencida la muerte, nos restituiste misericordiosamente a la vida; concédenos que, 
al celebrar esos tus beneficios, nos adhiramos a ti con amor constante,
y seamos enriquecidos con los frutos de la misma Redención.
Por nuestro Señor Jesucristo...
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 

Del libro del profeta Isaías.

Escuchadme atentos. Prestad oído, venid a mí: escuchadme y 
viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré 
a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de 
naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido; un pueblo que no te conocía
correrá hacia ti: por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel que te honra. 
Buscad al Señor mientras podéis encontrarlo, invocadlo mientras 
está cerca.

Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

℟. Mi fuerza y mi alabanza es el Señor

El Señor es mi Dios y Salvador,
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación. ℟.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación,
y diréis en aquel día: Dad gracias al Señor,
invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. ℟.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a todas la tierra.
Gritad jubilosos, habitantes de Sión:
¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel! ℟.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

℟. ALELUYA ALELUYA 

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no 
perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

℟. ALELUYA ALELUYA

EVANGELIO

El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo, 
sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que 
ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida 
eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no 
perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque 
Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que 
el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está 
condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En 
cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus 
obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA

LITURGIA EUCARÍSTICA

Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres. 

Incensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.

Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el Sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas: 
Recibe, Señor, los dones que de los bienes que nos has dado te ofrecemos; y que lo que nos concedes para nuestra devoción temporal, se nos torne premio de redención eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén. 

PREFACIO
    
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

A quien en la Antigua Alianza prometiste como Redentor,
y en la plenitud de los tiempos ungiste,
y nos lo enviaste para que devolviera tus dones
a la humanidad perdida.

Él, manifestándose como hombre,
se inmoló como víctima,
y por su muerte y su resurrección
ofreció a todos los pueblos tu salvación.

Por él conseguimos una redención copiosa
de la antigua servidumbre, el perdón de los pecados;
por él tenemos la verdad, la luz, la vida;
por él hemos sido sellados con el Espíritu Santo prometido,
que nos hace hijos,
y brilla para nosotros la esperanza
de alcanzar la liberación plena y la gloria de los hijos de Dios.

Por eso te alabamos nosotros
con tus ángeles y tus santos,
clamando con gozosa aclamación:
SANTO

SANTO, SANTO, SANTO, ES EL SEÑOR DIOS DEL UNIVERSO. 
LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.

HOSANNA EN EL CIELO.

BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR.

HOSANNA EN EL CIELO.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP:  
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: 
CC:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,  

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios. 

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. 

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue: 
Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos. 

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice: 
CP:
Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 
CC:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. 

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. 

C1: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Arzobispo Zuriel, al orden Episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

C3: Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,  
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟. Amén.

RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

CORDERO DE DIOS

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, 
TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, 
TEN PIEDAD DE NOSOTROS. 

CORDERO DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO
DANOS LA PAZ.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Habiendo participado, Señor Jesús, de tu Cuerpo sagrado y de tu preciosa Sangre,
por la que hemos sido redimidos, te rogamos, que salvaguardes en nosotros tus dones y,
librándonos de los males de la vida presente, nos conduzcas a los bienes eternos.
Tú, que vives y reinas.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN FINAL

Después tiene lugar la despedida, el celebrante extendiendo las manos, dice:  

El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

℣. Sea bendito el nombre del Señor.
℟. Ahora y por siempre

℣. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
℟. Que hizo el cielo y la tierra.

Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
℣. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre , Hijo , y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
℟. Amén.

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Glorifiquen al Señor con su vida, pueden ir en paz. 
℟. Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

© Conferencia Episcopal de Nicaragua

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