LIBRETO
ORDENACIÓN SIMULTANEA
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
PRESIDIDA POR S.E.R
ELÍAS TAPIA
ARZOBISPO COADJUTOR
RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA
JESUCRISTO, HAZ DE NOSOTROS UN PUEBLO SACERDOTAL
PARA DIOS, NUESTRO PADRE.
A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS.
HOY TE CANTAMOS, OH HIJO PREDILECTO DEL PADRE,
HOY TE ALABAMOS, CIENCIA ETERNA Y VERBO DE DIOS.
HOY TE CANTAMOS HIJO DE MARÍA, LA VIRGEN,
HOY TE ALABAMOS, CRISTO NUESTRO HERMANO Y NUESTRO SALVADOR.
A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS. ℟.
HOY TE CANTAMOS, LUZ DE ESPLENDOR ETERNO,
HOY TE ALABAMOS, ESTRELLA DE LA MAÑANA QUE ANUNCIA EL DÍA.
HOY TE CANTAMOS, MESÍAS ESPERADO POR LOS POBRES,
HOY TE ALABAMOS, OH CRISTO NUESTRO REY Y PRÍNCIPE DE LA PAZ.
A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS. ℟.
HOY TE CANTAMOS, CORDERO DE LA PASCUA ETERNA,
HOY TE ALABAMOS, VÍCTIMA INMOLADA POR NUESTROS PECADOS.
HOY TE CANTAMOS, CRISTO SALVADOR INMORTAL,
HOY TE ALABAMOS, POR TU MUERTE Y RESURRECCIÓN.
A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS. ℟.
HOY TE CANTAMOS, MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES,
HOY TE ALABAMOS, OH RUTA VIVIENTE DEL CIELO.
HOY TE CANTAMOS, SACERDOTE DE LA NUEVA ALIANZA,
HOY TE ALABAMOS, TÚ ERES NUESTRA PAZ POR LA SANGRE DE LA CRUZ.
A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS. ℟.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La paz esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
SEÑOR, TEN PIEDAD
(Martín Gorostidi)
SEÑOR TEN PIEDAD,
SEÑOR TEN PIEDAD,
SEÑOR TEN PIEDAD.
CRISTO TEN PIEDAD,
CRISTO TEN PIEDAD,
CRISTO TEN PIEDAD.
SEÑOR TEN PIEDAD,
SEÑOR TEN PIEDAD,
SEÑOR TEN PIEDAD.
GLORIA
(Martín Gorostidi)
GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE AMA EL SEÑOR.
POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS,
TE BENDECIMOS,
TE ADORAMOS,
TE GLORIFICAMOS,
TE DAMOS GRACIAS,
SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODOPODEROSO.
SEÑOR, HIJO ÚNICO, JESUCRISTO;
SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS,
HIJO DEL PADRE;
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS;
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE NUESTRA SÚPLICA;
TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS;
PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO,
SÓLO TÚ SEÑOR,
SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO,
CON EL ESPÍRITU SANTO
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE.
AMÉN.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios Padre, que al enviar al mundo la Palabra de verdad y al Espíritu santificador, revelaste a todos los hombres tu misterio admirable, concédenos que, profesando la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la Unidad de su majestad omnipotente. Por Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo:
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.
Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: «Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel».
Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: «Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya».
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
℟. Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas, Señor,
Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu nombre
santo y glorioso. ℟.
Bendito seas en el templo
santo y glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reino. ℟.
Bendito eres tú, Señor,
que penetras con tu mirada los abismos
y te sientas en un trono rodeado de querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo. ℟.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios.
Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.
Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz. Los saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
℣. GLORIA AL PADRE Y AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO. AL DIOS QUE ES, QUE ERA Y QUE VENDRÁ.
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
✠ Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.
“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios".
℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
LITURGIA DE LA ORDENACIÓN
ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS AL DIACONADO
Los ordenandos de diácono son llamados por el diácono de la forma siguiente:
Acérquense los que van a ser ordenados diáconos.
E inmediatamente los nombra individualmente; cada uno de los llamados dice:
Presente.
Y se acercan al Obispo, a quien hace una reverencia.
Permaneciendo en pie ante el Obispo, un presbítero designado por el Obispo dice:
Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes diáconos a estos hermanos nuestros.
El obispo le pregunta:
¿Sabes si son dignos?
Y él responde:
Según el parecer de quienes los presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos.
El Obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los diáconos.
Todos responden:
℟. Demos gracias a Dios.
ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS AL PRESBITERADO
Los ordenandos de presbítero son llamados por el diácono de la forma siguiente:
Acérquense los que van a ser ordenados presbíteros.
E inmediatamente los nombra individualmente; cada uno de los llamados dice:
Presente.
Y se acercan al Obispo, a quien hace una reverencia.
Permaneciendo en pie ante el Obispo, un presbítero designado por el Obispo dice:
Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes presbíteros a estos hermanos nuestros.
El obispo le pregunta:
¿Sabes si son dignos?
Y él responde:
Según el parecer de quienes los presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos.
El Obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los presbíteros.
Todos responden:
℟. Demos gracias a Dios.
Luego se hace la homilía.
PROMESAS DE LOS ELEGIDOS DIÁCONOS
Después de la homilía, solamente se levantan los elegidos diácono se ponen de pie ante el Obispo, quien los interroga conjuntamente con estas palabras:
Queridos hijos: Antes de entrar en el Orden de los diáconos deben manifestar ante el pueblo su voluntad de recibir este ministerio.
¿Quieren consagrarse al servicio de la Iglesia por la imposición de mis manos y la gracia del Espíritu Santo?
Los elegidos responden:
Si, quiero.
El Obispo:
¿Quieren desempeñar, con humildad y amor, el ministerio del diaconado como colaboradores del Orden sacerdotal y en bien del pueblo cristiano?
Los elegidos:
Si, quiero.
El Obispo:
¿Quieren vivir el misterio de la fe con alma limpia, como dice el Apóstol, y de palabra y obra proclamar esta fe, según Evangelio y la tradición de la Iglesia?
Los elegidos:
Si, quiero.
El Obispo:
¿quieren conservar y acrecentar el espíritu de oración, tal como corresponde a su género de vida y, fieles a este espíritu, celebrar la Liturgia de las Horas, según su condición, junto con el pueblo de Dios y en beneficio suyo y de todo el mundo?
Los elegidos:
Si, quiero.
El Obispo:
¿Quieren imitar siempre en su vida el ejemplo de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre servirán con sus manos?
Los elegidos:
Si, quiero, con la Gracia de Dios.
Seguidamente, cada elegido se acerca al Obispo y, de rodillas ante él, pone sus manos juntas entre las manos del Obispo.
El Obispo interroga al elegido, diciendo, si es su Ordinario:
¿Prometes respeto y obediencia a mí y a mis sucesores?
El elegido:
Prometo.
El Obispo concluye siempre:
Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.
PROMESAS DE LOS ELEGIDOS PRESBÍTEROS
Después de la promesa de los elegidos diáconos, se levantan los presbíteros y se ponen de pie ante el Obispo, quien los interroga conjuntamente con estas palabras:
Queridos hijo: Antes de entrar en el Orden de los presbíteros deben manifestar ante el pueblo su voluntad de recibir este ministerio.
¿Están dispuestos a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal en el grado de presbítero, como buenos colaboradores del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándose guiar por el Espíritu Santo?
Los elegidos responden:
Si, estoy dispuesto.
El Obispo:
¿Realizarán el ministerio de la palabra, preparando la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría?
Los elegidos:
Si, lo haré.
El Obispo:
¿Están dispuestos a presidir con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?
Los elegidos:
Si, estoy dispuesto.
El Obispo:
¿Están dispuestos a invocar la misericordia divina con nosotros, en favor del pueblo que le sea encomendado, perseverando en el mandato de orar sin desfallecer?
Los elegidos:
Si, estoy dispuesto.
El Obispo:
¿Quieren unirse cada día más a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él consagrarse a Dios para la salvación de los hombres?
Los elegidos:
Si, quiero, con la Gracia de Dios.
Seguidamente, cada elegido se acerca al Obispo y, de rodillas ante él, pone sus manos juntas entre las manos del Obispo.
El Obispo interroga al elegido, diciendo, si es su Ordinario:
¿Prometes respeto y obediencia a mí y a mis sucesores?
El elegido:
Prometo.
El Obispo concluye siempre:
Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.
SÚPLICA LITÁNICA
Seguidamente, todos se levantan.
El Obispo, dejando la mitra, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, hace la invitación:
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame bondadosamente la gracia de su bendición sobre estos siervos suyos que ha llamado al Orden de los diáconos y al Orden de los presbíteros.
Entonces los elegidos se postran en tierra, y se cantan las letanías, respondiendo todos. En los domingos y durante el tiempo pascual, se hace estando todos de pie, y en los demás días de rodillas, en cuyo caso el diácono dice:
Pongámonos de rodillas.
Los cantores comienzan las letanías (las invocaciones sobre el elegido se hacen en singular).
Concluido el canto de las letanías, el Obispo, en pie y con las manos extendidas, dice:
Señor Dios, escucha nuestras súplicas y confirma con tu gracia este ministerio que realizamos: santifica con tu bendición a éstos que juzgamos aptos para el servicio de los santos misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
El diácono, si el caso lo requiere, dice:
Pueden levantarse.
Y todos se levantan.
IMPOSICIÓN DE MANOS
Y PLEGARIA DE ORDENACIÓN
ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
Cada uno de los elegidos para el Orden del diaconado se acerca al Obispo, que está de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.
El Obispo le impone en silencio las manos sobre la cabeza.
Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el Obispo, sin mitra, con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:
Asístenos, Dios todopoderoso, de quien procede toda gracia, que estableces los ministerios regulando sus órdenes; inmutable en ti mismo, todo lo renuevas; por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro -palabra, sabiduría y fuerza tuya-, con providencia eterna todo lo proyectas y concedes en cada momento cuanto conviene.
A tu Iglesia, cuerpo de Cristo, enriquecida con dones celestes variados, articulada con miembros distintos y unificada en admirable estructura por la acción del Espíritu Santo, la haces crecer y dilatarse como templo nuevo y grandioso.
Como un día elegiste a los levitas para servir en el primitivo tabernáculo, así ahora has establecido tres órdenes de ministros encargados de tu servicio.
Así también, en los comienzos de la Iglesia, los apóstoles de tu Hijo, movidos por el Espíritu Santo, eligieron, como auxiliares suyos en el ministerio cotidiano, a siete varones acreditados ante el pueblo, a quienes, orando e imponiéndoles las manos, les confiaron el cuidado de los pobres, a fin de poder ellos entregarse con mayor empeño a la oración y a la predicación de la palabra.
Te suplicamos, Señor, que atiendas propicio a éstos tus siervos, a quienes consagramos humildemente para el orden del diaconado y el servicio de tu altar.
Envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo, para que fortalecidos con tu gracia de los siete dones, desempeñen con fidelidad el ministerio.
Que resplandezca en ellos un estilo de vida evangélica, un amor sincero, solicitud por pobres y enfermos, una autoridad discreta, una pureza sin tacha y una observancia de sus obligaciones espirituales.
Que tus mandamientos, Señor, se vean reflejados en sus costumbres, y que el ejemplo de su vida suscite la imitación del pueblo santo; que, manifestando el testimonio de su buena conciencia, perseveren firmes y constantes con Cristo, de forma que, imitando en la tierra a tu Hijo que no vino a ser servido sino a servir, merezcan reinar con él en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
ENTREGA DEL LIBRO DE LOS EVANGELIOS
Concluida la Plegaria de Ordenación. se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. Los ordenados se levantan, y unos diáconos u otros ministros ponen a cada uno la estola al estilo diaconal y le visten la dalmática.
Los ordenados, ya con sus vestiduras diaconales, se acercan al Obispo, quien entrega a cada uno, ante él arrodillado, el libro de los Evangelios, diciendo:
Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado.
Y se retiran, después, los diáconos ordenados a sus puestos.
ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS
Entonces se acercan los elegidos para el Orden del presbiterado. Todos se levantan. El Obispo, dejando la mitra, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, dice:
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame generosamente sus dones sobre estos elegidos para el ministerio de los presbíteros.
Y todos, durante un espacio de tiempo oran en silencio.
IMPOSICIÓN DE MANOS
Y PLEGARIA DE CONSAGRACIÓN
Cada uno de los elegidos se acerca al Obispo, que está de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.
El Obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos.
Después de la imposición de manos del Obispo, todos los presbíteros presentes, vestidos de estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los elegidos.
Tras dicha imposición de manos, los presbíteros permanecen junto al Obispo hasta que se haya concluido la Plegaria de Ordenación, pero de modo que la ceremonia pueda ser bien vista por los fieles.
Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el Obispo, sin mitra, con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:
Asístenos, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, autor de la dignidad humana y dispensador de todo don y gracia; por ti progresan tus criaturas y por ti se consolidan todas las cosas. Para formar el pueblo sacerdotal, tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo en órdenes diversos a los ministros de tu Hijo Jesucristo.
Ya en la primera Alianza aumentaron los oficios, instituidos con signos sagrados. Cuando pusiste a Moisés y Aarón al frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo, les elegiste colaboradores, subordinados en orden y dignidad, que les acompañaran y secundaran.
Así, en el desierto, diste parte del espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes con los cuales gobernó más fácilmente a tu pueblo. Así también hiciste partícipes a los hijos de Aarón de la abundante plenitud otorgada a su padre, para que un número suficiente de sacerdotes ofreciera, según la ley, los sacrificios, sombra de los bienes futuros.
Finalmente, cuando llegó la plenitud de los tiempos, enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jesús, Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos. Él, movido por el Espíritu Santo, se ofreció a ti como sacrificio sin mancha, y habiendo consagrado a los apóstoles con la verdad, los hizo partícipes de su misión; a ellos, a su vez, les diste colaboradores para anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvación.
También ahora, Señor, te pedimos nos concedas, como ayuda a nuestra limitación, estos colaboradores que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico.
Te pedimos Padre Todopoderoso, que confieras a estos siervos tuyos la dignidad del Presbiterado; renueva en sus corazones el Espíritu de santidad; reciban de ti el segundo grado del Ministerio Sacerdotal y sean, con su conducta, ejemplo de vida.
Sean honrados colaboradores del orden de los obispos, para que por su predicación, y con la gracia del Espíritu Santo, la palabra del Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres y llegue hasta los confines del orbe. Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios, para que tu pueblo se renueve con el baño del nuevo nacimiento, y se alimente de tu altar; para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos. Que en comunión con nosotros, Señor, imploren tu misericordia por el pueblo que se les confía y en favor del mundo entero. Así todas las naciones, congregadas en Cristo, formarán un único pueblo tuyo que alcanzará su plenitud en tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
UNCIÓN DE LAS MANOS
Y ENTREGA DEL PAN Y EL VINO
Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. Los ordenados se levantan. Los presbíteros presentes tornan a su puesto; pero algunos de ellos colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la casulla.
Seguidamente, el Obispo toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge con el sagrado crisma las palmas de las manos de cada ordenado, arrodillado ante él, diciendo:
Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.
Después, Obispo y ordenados se lavan las manos.
Seguidamente, los fieles llevan el pan sobre la patena y el cáliz, ya con el vino y el agua, para la celebración de la Misa. El diácono lo recibe y se lo entrega al Obispo, quien a su vez lo pone en manos de cada uno de los ordenados de presbítero, arrodillados ante él, diciendo:
Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor.
Finalmente, el Obispo felicita a cada ordenado, primero a los presbíteros y después a los diáconos, diciendo:
La paz contigo.
El ordenado responde:
Y con tu espíritu.
Y lo mismo hacen todos o al menos algunos presbíteros presentes.
Prosigue la Misa como de costumbre.
CREDO
(Símbolo Niceno-constantinopolitano)
℟. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
En las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
CANTO DE OFERTORIO
Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.
Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, Sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Por la invocación de tu nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
PREFACIO
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que con tu Hijo único y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola substancia. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción.
De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, en la unidad de un solo ser e iguales en su majestad. A quien alaban los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamarte con una sola voz:
SANTO
(Martin Gorostidi)
SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO.
LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.
HOSANNA, HOSANNA, EN EL CIELO.
BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR.
HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP:
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo ✠ la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, Junta las manos. que nos mandó celebrar estos misterios.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
CP:
Éste es el Misterio de la fe. Cristo nos redimió.
℟. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
C1:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, [san N.: santo del día o patrono] y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
C2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo Zuriel, nuestro Coadjutor Elías, al orden episcopal, a estos siervos tuyos que han sido ordenados hoy presbíteros y diaconos de la Iglesia, a los demás presbíteros, a los diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
† A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:
CP o CC:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Dense fraternalmente la paz.
CORDERO DE DIOS
(Martín Gorostidi)
CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
(Misión)
QUÉ HERMOSOS EN LOS MONTES Y EN LAS COLINAS Y EN LAS COLINAS,
LOS PIES DEL MENSAJERO QUE VA DE PRISA, QUE VA DE PRISA.
LLEVA DENTRO LA TIENDA PARA SU ABRIGO,
EL SECRETO DEL REINO, LA PAZ DE CRISTO.
DONDE QUIERA QUE VAYAS YO ESTOY CONTIGO, YO ESTOY CONTIGO,
LEVÁNTATE NO TEMAS QUE YO TE ENVÍO, QUE YO TE ENVÍO.
YO NO TENGO PALABRAS, YO SOY UN NIÑO, YO SOY UN NIÑO,
TU VERDAD ME HACE LIBRE, PERO NO ATINO, PERO NO ATINO,
A DECIR TUS SECRETOS, NI TUS CAMINOS,
NI A REVELAR TU ROSTRO MIENTRAS TE SIGO. ℟.
TÚ PUSISTE EN MIS MANOS GRANO Y VACÍO, GRANO Y VACÍO,
HERRAMIENTA Y FATIGA, PAN Y VASIJA, PAN Y VASIJA.
TÚ PUSISTE LA LLUVIA Y EL SOL FECUNDO
Y LA CUENTA INFINITA DE TUS GAVILLAS. ℟.
SIEMPRE ESTOY COMENZANDO NUEVA TAREA, NUEVA TAREA,
PORQUE TÚ ME ACOMPAÑAS Y TÚ ME GUÍAS, Y TÚ ME GUÍAS.
PORQUE TÚ ME LO MANDAS PARA QUE SEA
UN GRANO DE PALABRA, DE VIDA NUEVA. ℟.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hdya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su Unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación de cuerpo y alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El obispo, con las manos extendidas sobre el presbítero recién ordenado y el pueblo, dice:
Inclínense para recibir la bendición.
℣. Dios, que dirige y gobierna la Iglesia, los proteja siempre con su gracia para que cumplan fielmente el ministerio presbiteral.
℟. Amén.
℣. Que él los haga servidores y testigos en el mundo de la verdad y del amor divino, y ministros fieles de la reconciliación.
℟. Amén.
℣. Y que los haga pastores verdaderos que distribuyan a los fieles la palabra de la vida y el pan vivo, para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo.
℟. Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
℣. Y a todos ustedes, que están aquí presentes, los bendiga Dios todopoderoso, Padre ✠, Hijo ✠, y Espíritu ✠ Santo.
℟. Amén.
Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.
CANTO DE SALIDA
(Sois la Semilla - Cesáreo Gabaráin)
Sois la semilla que ha de crecer,
sois estrella que ha de brillar.
Sois levadura sois grano de sal,
antorcha que ha de alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar.
Sois aguijón y caricia a la vez,
testigos que voy a enviar
ID AMIGOS, POR EL MUNDO
ANUNCIANDO EL AMOR,
MENSAJEROS DE LA VIDA,
DE LA PAZ Y EL PERDÓN.
SED AMIGOS, LOS TESTIGOS
DE MI RESURRECCIÓN,
ID LLEVANDO MI PRESENCIA,
CON VOSOTROS ESTOY
sois estrella que ha de brillar.
Sois levadura sois grano de sal,
antorcha que ha de alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar.
Sois aguijón y caricia a la vez,
testigos que voy a enviar
ID AMIGOS, POR EL MUNDO
ANUNCIANDO EL AMOR,
MENSAJEROS DE LA VIDA,
DE LA PAZ Y EL PERDÓN.
SED AMIGOS, LOS TESTIGOS
DE MI RESURRECCIÓN,
ID LLEVANDO MI PRESENCIA,
CON VOSOTROS ESTOY
© Arquidiócesis de León - Minecraft.
Todos los derechos reservados
Prohibida su copia o su reproducción total o parcial
